El capítulo se llama como la canción que les recomiendo escuchen mientras leen el capítulo: Runaway de Galantis.
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Una vida básica y simple.
Me gustaba la idea de que así fuera, me ahorraba varios problemas con los
cuales no quería tener que lidiar.
Por naturaleza, mis ideales iban en contra de lo que mi familia consideraba
aceptable, por ese simple hecho mantenía ocultas mis opiniones para mi. No
solía tener a quién compartírselas, ya que mis “amigos” eran los hijos nariz
alzada de los amigos nariz alzada de mis padres, que pensaban igual que ellos y
no aceptarían una idea muy complicada o diferente. Por esta razón me dedicaba a
escribir lo que me parecía bien o mal en pequeños papeles y los guardaba en un
recipiente con forma de mono que obtuve en uno de mis cumpleaños, de esos que están
llenos de gomitas. Era el único en el mundo que “escuchaba” lo que tenía que
decir, y como mis papelitos eran tan peligrosos para que la familia se
mantuviera en armonía, lo mantenía escondido detrás de mucha ropa en el closet.
—Me voy mamá.
En mis vacaciones de verano había decidido conseguir un
trabajo. Había terminado la secundaria con unas calificaciones casi perfectas,
y no quería quedarme todo el día en casa con mis padres preguntando qué carrera
elegiría para sustentarme a mí y a los hijos que decidieron que tendría. Cuando
no les daba una respuesta, se decían que los cupos en carreras como abogacía,
medicina e ingeniería se acababan rápido, y en realidad no sabía si quería
hacer alguna de esas cosas.
—¡Que te vaya muy bien cariño!
Para sus posibles confusiones, mi madre no era ningún tipo
de ogro asqueroso que encierra a su hija en la alta torre. Sé que suena
extraño, pero ella era la mujer más amorosa del mundo con sus hijos (mi hermano
menor y yo) y buscaba nuestra completa felicidad, solo que a su manera. No le
interesaba para nada abrir sus horizontes a otras cosas. No era nada
incorrecto, solo su forma de protegerse y buscar una vida básicamente feliz. No
intentaría cambiarla yo ahora con sus casi 50 años.
Besé a mi madre y salí escuchando música, lo más fuerte que me permitían mis
cascos, hacia mi trabajo.
Había decidido comenzar a trabajar en un restaurante algo alejado de mi casa y
de la avenida comercial. Bastante rústico y tranquilo, además ganaba bien para
tener 18 años y no necesitar nada. Eran mis pocas horas de desconexión, mi jefa
era maravillosa y simpática, y siempre me enseñaba con paciencia lo que debía
aprender para trabajar allí.
Mi vida no era muy interesante a decir verdad, pero por eso mismo debo
contarles todo esto, sino no comprenderán como yo lo que sucedió.
Cuando no había clientes, ella nos pedía que hiciéramos cosas variadas, como
limpiar los vidrios, guardar las botellas de vidrio vacías, etc. Ese día,
primero de la semana en abrir, no había absolutamente nadie, y ya no quedaban
tareas. Mi jefa me envió a limpiar la puerta de vidrio, la cual había limpiado
una de las chicas de la cocina horas antes, pero no la contradije y fui a
hacerlo. Las horas pasaban tan lento que me ahogaba al no hacer nada, y eso fue
una oportunidad para mí. Aunque en ese momento no sabía en qué magnitud
cambiaría mi vida.
Ya que no se me permitía escuchar música, hice uso de mi desafinada voz para
entretenerme, arruinando de la mejor manera canciones de intérpretes con voces
espectaculares. Mi voz se quebraba cuando intentaba ir muy alto, y dejaba de
escucharse al ir demasiado alto, dejándome sin aliento. Terminaba a las risas
por las muecas que veía reflejadas en el espejo de mi misma y seguía limpiando.
A los diez minutos ya no soportaba más. Volví a meter el trapo en el balde de
agua y jabón y suspiré.
—Que venga alguien ya.
Al instante siguiente, estaba cubierta de agua y espuma.
Escuché un grito ronco de “lo siento” y cuando me volteé a insultar de forma
olímpica a esa persona, me encontré maravillada.
Era una chica joven, de cabello corto azul que corría y saltaba por ahí,
trepando y bajando de las paredes mientras otro chico la seguía, completamente
rapado. Lucían extravagantes con la ropa cortada y rasgada a propósito,
piercings y cadenas. Se movían de forma dinámica, contagiando la alegría de sus
jocosas risas.
Entonces ambos desaparecieron de mi vista cuando ingresaron por una entrada
grande y grafiteada que parecía llevar a un lugar que no encajaba para nada con
este mundo. No podía dejar de mirar.
Hasta que por supuesto me tocaron bocina por estar parada en medio de la calle.
Entonces fue que noté que había seguido a aquellos chicos de forma
inconsciente, atraída por aquella diversión que parecían compartir.
Salí del camino del auto, del cual el conductor me gritaba ciertas groserías
que ignoré y volví al restaurante a cambiarme.
—¡¿Qué te sucedió?!
Mi jefa me miraba preocupada y alarmada dándome una toalla.
Me encogí de hombros y le di un pretexto fácil de creer. Me dijo que volviera a
casa por ese día, ya estaban por cerrar y nadie iría seguramente. Si bien salí
de trabajar en la tarde, estuve el resto del día, y toda la noche sin poder
quitarme de la cabeza a esos dos chicos y al lugar al que habían entrado.
“Sub estación 6”
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Espero les guste el primer capítulo. A medida que escriba y me sienta conforme con lo que hago, lo iré subiendo aquí y en wattpad.
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