domingo, 6 de marzo de 2016

Now or Never - Capítulo 2

Canción a escuchar: Now or never

Toda la semana había estado yendo del trabajo a la puerta de la estación. Me quedaba de pie en la acera contraria y la observaba antes de volver a casa, sin hacer o decir nada. Me transmitía una intensa sensación contradictoria. Me hacía sentir en paz, pero también cargaba mi sistema de adrenalina. Quería entrar, conocer a esos chicos, en parte ser como ellos: alegres, activos, jocosos. Pero se notaba a distancia que pertenecíamos a mundos opuestos y que no entraría en el suyo jamás.
El domingo que comenzó todo, yo no había ganado propina más que para un ticket de vuelta a casa, pero antes de hacer uso de ese escaso dinero, fui como todos los días a ver a la Sub estación. Amaba ver sus grafitis en la puerta e imaginar la cantidad de personas asombrosas que seguro estaban ahí dentro. Escritores, pintores, fotógrafos, acróbatas, músicos, todos artistas urbanos. Pese a mi imaginación, algunas cosas eran extrañas, no concordaban con el cuadro de la sub estación que había creado dentro de mi cabeza. Se suponía que si había más personas allí y eran como los chicos del otro día, el lugar debería ser un caos, lleno de sonidos combatiendo para sonar más alto que otros. Sin embargo, siempre que me acercaba, el lugar parecía desolado, por lo que supuse que solo iban allí los dos chicos con los que me había encontrado, tal vez alguno más, pero no demasiados.
No sabía cuánto tiempo había pasado allí, pero cuando estaba por irme, encontré una sonrisa acompañada de una mirada en mi dirección.
Me congelé durante unos segundos al ver a la chica de corto cabello azul, y ella solo seguía sonriendo con simpatía. Moví mis dedos nerviosamente dentro de los bolsillos de mi abrigo e intenté parecer natural al desviar la mirada.
—¡Oye! Tu eres la chica del otro día, ¿no es así? La de la cubeta de agua.
Su voz era ronca e iba perfecta con su imagen rebelde y desalineada. Volví a mirarla y ella continuaba sonriéndome. Asentí levemente y se acercó a grandes zancadas. Me asusté por un momento, pero la chica extendió su mano hacia mí.
—Me llamo Alex, ¿cuál es tu nombre?
Me tomo unos instantes para pensármelo bien, pero no perdía nada al contestar.
—Mi nombre es Dakota— Dije estrechando su mano.
—Vaya, ese nombre es lindo.
—Tal vez, en realidad no demasiado— Contesté soltando su mano. —Es solo un nombre estirado, hay otros que preferiría.
Por lo general, me limito a asentir y agradecer, a ser una feliz y complacida chica por todo lo que tiene, pero algo en el lame llevó a abrirme, aunque fuera de una forma tan mínima. Tenía un aura extraña, tenía la sensación de que aunque le hubiera dicho que maté a mi padre en la mañana y me lo comí, ella no me juzgaría por eso.
—¿Qué nombre te gusta entonces?— La miré interrogante. —Dime, comenzarás a llamarte así a partir de hoy.
No entendía de qué iba esa chica. ¿Cómo iba a poder una chica que recién conocía cambiarme el nombre así porque si? Era tonto, se tomaba demasiadas confianzas.
Volvía a guiarme por lo que mi madre creía correcto, y no por lo que yo quería hacer. Suspiré y sonreí. Me dejaría llevar esta vez, después de todo, mi relación familiar no corría ningún peligro por lo que le dijera a ella.
—No lo sé… — Comenté sin pensarlo mucho, comenzando a sonreír igual que ella. — ¿Robin?
—Excelente. Entonces, Robin, lamento haberte bañado en agua y jabón el otro día.
Algo dentro de mi se sintió bien, como si algo que trababa mis engranajes desapareciera y todo comenzara a funcionar. Solté una suave carcajada, genuina, como pocas veces hacía y negué con la cabeza, dándole a entender que todo estaba bien.
—¿Por qué estuviste tanto rato aquí mirando a la Sub estación? Fueron como unos… 30 minutos.— Mencionó mirando el reloj de su mano.
En ese momento la miré sorprendida y me avergoncé un poco. Tal vez vio cómo estaba de acosadora mirando aquel lugar. Tal vez me había visto toda la semana. Tal vez cree que soy rara.
Tal vez…
—Oye.— Llamó mi atención con un par de chasquidos— Vuelve aquí.
—Uhm… ¿me estuviste viendo todo el tiempo?
—Claro. Al llegar encontré a una chica que miraba hacia allí con mucho interés, parecía que tu cabeza estaba abarrotada de cosas que se generaban gracias a la Sub estación. A cosas que puedas pensar que suceden ahí.
—A decir verdad, me generó mucha curiosidad. No solo el lugar, sino también ustedes. Tú, y el otro chico.— Otra vez me abría con ella.
Su sonrisa se amplió enormemente y golpeó de forma suave mi hombro con el puño.
—Me gusta la gente curiosa. ¿Quieres ver cómo es realmente?
Abrí mis ojos entusiasmada y me mordí el labio con fuerza. No debía ir, no a un lugar que no sabía lo que era con alguien que acababa de conocer y mi madre tacharía de extraña y posible drogadicta.
Pero mi madre no estaba ahí.

viernes, 22 de enero de 2016

Runaway - Capítulo 1

El capítulo se llama como la canción que les recomiendo escuchen mientras leen el capítulo: Runaway de Galantis.

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Una vida básica y simple. 
Me gustaba la idea de que así fuera, me ahorraba varios problemas con los cuales no quería tener que lidiar.
Por naturaleza, mis ideales iban en contra de lo que mi familia consideraba aceptable, por ese simple hecho mantenía ocultas mis opiniones para mi. No solía tener a quién compartírselas, ya que mis “amigos” eran los hijos nariz alzada de los amigos nariz alzada de mis padres, que pensaban igual que ellos y no aceptarían una idea muy complicada o diferente. Por esta razón me dedicaba a escribir lo que me parecía bien o mal en pequeños papeles y los guardaba en un recipiente con forma de mono que obtuve en uno de mis cumpleaños, de esos que están llenos de gomitas. Era el único en el mundo que “escuchaba” lo que tenía que decir, y como mis papelitos eran tan peligrosos para que la familia se mantuviera en armonía, lo mantenía escondido detrás de mucha ropa en el closet.


—Me voy mamá.

En mis vacaciones de verano había decidido conseguir un trabajo. Había terminado la secundaria con unas calificaciones casi perfectas, y no quería quedarme todo el día en casa con mis padres preguntando qué carrera elegiría para sustentarme a mí y a los hijos que decidieron que tendría. Cuando no les daba una respuesta, se decían que los cupos en carreras como abogacía, medicina e ingeniería se acababan rápido, y en realidad no sabía si quería hacer alguna de esas cosas.

—¡Que te vaya muy bien cariño!

Para sus posibles confusiones, mi madre no era ningún tipo de ogro asqueroso que encierra a su hija en la alta torre. Sé que suena extraño, pero ella era la mujer más amorosa del mundo con sus hijos (mi hermano menor y yo) y buscaba nuestra completa felicidad, solo que a su manera. No le interesaba para nada abrir sus horizontes a otras cosas. No era nada incorrecto, solo su forma de protegerse y buscar una vida básicamente feliz. No intentaría cambiarla yo ahora con sus casi 50 años.
Besé a mi madre y salí escuchando música, lo más fuerte que me permitían mis cascos, hacia mi trabajo.
Había decidido comenzar a trabajar en un restaurante algo alejado de mi casa y de la avenida comercial. Bastante rústico y tranquilo, además ganaba bien para tener 18 años y no necesitar nada. Eran mis pocas horas de desconexión, mi jefa era maravillosa y simpática, y siempre me enseñaba con paciencia lo que debía aprender para trabajar allí. 
Mi vida no era muy interesante a decir verdad, pero por eso mismo debo contarles todo esto, sino no comprenderán como yo lo que sucedió.
Cuando no había clientes, ella nos pedía que hiciéramos cosas variadas, como limpiar los vidrios, guardar las botellas de vidrio vacías, etc. Ese día, primero de la semana en abrir, no había absolutamente nadie, y ya no quedaban tareas. Mi jefa me envió a limpiar la puerta de vidrio, la cual había limpiado una de las chicas de la cocina horas antes, pero no la contradije y fui a hacerlo. Las horas pasaban tan lento que me ahogaba al no hacer nada, y eso fue una oportunidad para mí. Aunque en ese momento no sabía en qué magnitud cambiaría mi vida.
Ya que no se me permitía escuchar música, hice uso de mi desafinada voz para entretenerme, arruinando de la mejor manera canciones de intérpretes con voces espectaculares. Mi voz se quebraba cuando intentaba ir muy alto, y dejaba de escucharse al ir demasiado alto, dejándome sin aliento. Terminaba a las risas por las muecas que veía reflejadas en el espejo de mi misma y seguía limpiando. A los diez minutos ya no soportaba más. Volví a meter el trapo en el balde de agua y jabón y suspiré.


—Que venga alguien ya.

Al instante siguiente, estaba cubierta de agua y espuma.
Escuché un grito ronco de “lo siento” y cuando me volteé a insultar de forma olímpica a esa persona, me encontré maravillada.
Era una chica joven, de cabello corto azul que corría y saltaba por ahí, trepando y bajando de las paredes mientras otro chico la seguía, completamente rapado. Lucían extravagantes con la ropa cortada y rasgada a propósito, piercings y cadenas. Se movían de forma dinámica, contagiando la alegría de sus jocosas risas.
Entonces ambos desaparecieron de mi vista cuando ingresaron por una entrada grande y grafiteada que parecía llevar a un lugar que no encajaba para nada con este mundo. No podía dejar de mirar.
Hasta que por supuesto me tocaron bocina por estar parada en medio de la calle. Entonces fue que noté que había seguido a aquellos chicos de forma inconsciente, atraída por aquella diversión que parecían compartir. 
Salí del camino del auto, del cual el conductor me gritaba ciertas groserías que ignoré y volví al restaurante a cambiarme.


—¡¿Qué te sucedió?!

Mi jefa me miraba preocupada y alarmada dándome una toalla. Me encogí de hombros y le di un pretexto fácil de creer. Me dijo que volviera a casa por ese día, ya estaban por cerrar y nadie iría seguramente. Si bien salí de trabajar en la tarde, estuve el resto del día, y toda la noche sin poder quitarme de la cabeza a esos dos chicos y al lugar al que habían entrado.


“Sub estación 6”

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Espero les guste el primer capítulo. A medida que escriba y me sienta conforme con lo que hago, lo iré subiendo aquí y en wattpad.

lunes, 4 de enero de 2016

Sub estación 6



Me gustaría poder registrar esto mientras aún lo recuerdo y parece creíble, porque si se lo cuento a la gente entrada en la tercera edad, me dirán que soy una vieja loca.
Como yo misma lo haría.
Aún me cuesta creerlo poco después de haberlo vivido en carne propia.
Seguro que en unos años la gente hablará de la Sub estación 6 como una leyenda urbana, esas que no sabes si pasaron o no. Irán a ver el lugar de los hechos y se tomarán fotos con los restos de una historia que ya no existe, que se quemó junto con el lugar del suceso.
Una historia de la cual yo formé parte.